"Maldito usted y su libro. No se puede tener en usted más confianza que en un niño con un torpedo... Yo inventé mi propio sistema de puntuación, luego lo comparé con la puntuación de la Biblia y comprobé que los autores de la versión revisada, hicieron la puntuación del mismo modo, aunque su práctica no es del todo consistente. La Biblia excluye el guión, lo cual es el mayor refugio de aquellos que son demasiado perezosos para utilizar los signos de puntuación. Richard Brinsley Sheridan, el autor de The School for Scandal, utiliza el guión y nada más. Yo nunca lo uso, cuando puedo sustituirlo por los dos puntos; y reservo celosamente los dos puntos para ciertos efectos que otros signos no pueden producir. Como no tiene usted reglas, y a veces despilfarra los dos puntos de manera desequilibrada, aquí tiene algunas reglas generales.
Cuando una frase contiene más de una manifestación con diferentes nominativos, o incluso con el mismo nominativo, repetido para dar énfasis a la cierta discontinuidad entre las manifestaciones, éstas deberán estar separadas por un punto y coma, cuando la relación entre ellas esté expresada por una conjunción. Cuando no hay conjunción, ni otra palabra modificante, y las dos manifestaciones están colocadas en dramática oposición, utilice los dos puntos. Así:
Lawrence nada decía; pero pensaba mucho. Lawrence no podía hablar: estaba borracho. Lawrence, como Napoleón, estaba desplazado y era un fracaso como subalterno; sin embargo, cuando podía desesperar a sus jefes, siendo un soldado raso sin tacha, sabía comportarse como tal. Lawrence, como Napoleón, podía ver una ciudad enemiga no sólo como objetivo militar, sino como un escenario para una representación teatral: era un actor nato...
Los dos puntos son necesarios para las interrupciones bruscas. Así: Lawrence era congénitamente literario: esto es, un mentiroso. Lawrence era un nombre de muchos alias: éstos son, soldado Shaw, coronel Lawrence, príncipe de Damasco, etc., etc... Usted prácticamente no usa los dos puntos. Este es un síntoma de deficiencia mental, producida, probablemente, por la vida de campamento.
Pero, por encima de todo, la más urgente de mis correcciones -tan importante que haría usted mejor engulléndolas literalmente con esos gestos desagradables que usted no puede controlar-, es la relativa a las calumnias...
He pasado quince años de mi vida escribiendo críticas de personas sensibles y vivaces, y por tanto he adquirido un muy cultivado sentido de lo que debo decir y no decir. Todas las críticas son, técnicamente, difamaciones; pero existe el golpe bajo el cinturón, la impertinencia, la propensión a la antipatía, la expresión del desprecio personal, y desde luego la acusación de deshonestidad y falta de castidad, que no son ni deberían ser consideradas como sincera crítica, la broma desenfadada y divertida, y(cosa curiosa) el obvio "abuso vulgar" que tiene privilegiados. Yo he expurgado sus temerarias ocurrencias tan cuidadosamente como he podido.
Ya tiene la crítica más general sobre el primer capítulo (que trata de la política de la rebelión); deje que el libro empiece en el capítulo dos, que es la parte importante y muy buena sin duda alguna. Verá usted mi nota al respecto.
Debo concluir porque Charlotte desea hacerle un paquete.
Suyo
G. Bernard Shaw

